La doble vara y el arte de mirar para otro lado
El debate público argentino atraviesa una crisis de coherencia: los mismos hechos son juzgados de manera distinta según quién los protagonice. Esta “doble vara” no solo refleja hipocresía política, sino que erosiona la confianza social y profundiza una grieta que ya no separa ideas, sino lealtades.
La política deja de centrarse en la verdad o la rendición de cuentas y se transforma en una disputa donde lo importante es proteger al propio espacio y castigar al adversario. En ese escenario, las puestas en escena, los discursos calculados y la tensión con el periodismo refuerzan una lógica donde importa más mostrar que explicar.
Mientras tanto, la sociedad observa con creciente apatía. Y ese cansancio es el mayor riesgo: cuando la ciudadanía deja de exigir, el poder deja de rendir cuentas.
La salida, sugiere el análisis, no vendrá de la confrontación externa sino de la coherencia interna: aplicar la misma exigencia ética hacia los propios que hacia los ajenos. De lo contrario, la doble vara seguirá degradando la calidad democrática y consolidando una percepción cada vez más extendida: en política, casi nada es grave cuando lo hace “uno de los nuestros”