Y vos… ¿qué sabés de las RESERVAS?

 La secuela que alguien me pidió, y que ¿todos necesitamos?

Si en un artículo anterior le sacamos una radiografía detallada de la deuda —esa mochila de ladrillos que cargamos sobre la espalda—, pensá en este como el electrocardiograma de la caja. El pulso, a veces frenético, a veces agonizante, de los dólares que realmente tenemos a mano. Porque de nada sirve saber el monto astronómico que debemos si no miramos con qué contamos para afrontar la cuota. Y acá, amigos, la cosa se pone más turbia que café de estación de servicio y más vertiginosa que juego de parque de diversiones intinerante un domingo de verano.

Las reservas internacionales del BCRA son como la cuenta bancaria de un argentino promedio: siempre al borde del rojo, con depósitos erráticos —una changa en negro, un aguinaldo— y gastos fijos que te sangran sin piedad. Son el colchón de dólares que supuestamente nos protege de los golpes, pero que en la práctica, y tras décadas de malas decisiones, parece más un salvavidas de papel mojado en un mar picado.

La Montaña Rusa de los Verdes: De la Opulencia Ilusoria al «Ahí no más»

Vamos a los bifes, que para cháchara ya están los noticieros de 24 horas del cable. En los últimos 30 años, las reservas netas pasaron de unos MM U$S 17.000 en 1992 a rondar los MM U$S 44.000 en 2023. Suena a que se multiplicaron, ¿no? ¡Pura ilusión óptica!(o bolazo de político en funciones) Es como comparar el sueldo de los 90 con el de ahora: la cifra es más grande, pero con eso antes te comprabas un 0km y hoy apenas llegás a una motito china con las ruedas pinchadas.

La clave no es el número nominal, sino qué tan lleno está el tanque para aguantar la tormenta. Los economistas serios (sí, esos que no son youtubers gritones) suelen marcar que las reservas líquidas deberían poder cubrir al menos 6 meses de importaciones (bienes esenciales, energía, medicamentos). Acá, en nuestros mejores momentos, rozamos los 8 meses, pero en nuestras crisis recurrentes, no nos da ni para la compra del supermercado de la quincena. La película de nuestras reservas tiene capítulos bien marcados:

  • La Era de la Convertibilidad (1992-1999): Reservas Artificiales. El 1 a 1 era un espejismo de riqueza, pero el colchón existía. Se vivía como rico… con la tarjeta del futuro. Esas reservas no eran producto del superávit, sino de la venta de empresas y de deuda.
  • El Estallido (2001-2002): El Colchón Pinchado. ¡Pum! La ficción terminó. Las reservas se evaporaron en un suspiro tratando de defender lo indefendible. Llegamos a tener menos que la recaudación de una cancha de Boca un domingo. Fue el «sálvese quien pueda» y el corralito.
  • La Reconstrucción (2003-2011): Los Años de la Hormiga. La gestión de Lavagna, el «viento de cola» mundial y la soja a USD 600 hicieron que, por primera vez en décadas, entraran dólares genuinos, de la exportación. El BCRA acumuló como hormiga en verano, llegando a un pico histórico de MM U$S 52.000 en 2011. Fue la época dorada de las cajas llenas y las cadenas nacionales mostrando gráficos ascendentes con orgullo. Gracias al “yuyo”, al campo, Argentina estaba frente a una gran oportunidad de cambiar su historia.
  • La Sequía (de dólares) (2012-2015): El Parche y el Drenaje. El «cepo cambiario» fue el parche desesperado para tapar una canilla que goteaba. Las reservas empezaron una lenta pero constante sangría porque, simple, nadie quiere traer dólares a un país que después no te deja sacarlos. Se pasó de la ambición de acumular a la angustia de administrar la escasez. El campo, productor de “el yuyo” se quedaba un exiguo porcentaje de su trabajo y el estado dilapidaba los recursos con que se quedaba.
  • La Bicicleta Financiera (2016-2019): El Espejismo. Llegó el «acceso al mercado» y abrió la canilla… de la deuda. Las reservas subieron, sí, pero de manera artificial, infladas con dólares prestados. Fue un espejismo peligroso: dólares frescos que entran por un lado y salen inmediatamente por el otro para pagar intereses de la deuda anterior. En 2018, con la gran crisis cambiaria, el ya mítico «déjenme de joder» del entonces presidente resumió a la perfección la desesperación: las reservas se derritieron a velocidades astronómicas tratando, en vano, de frenar una corrida que ya era imparable.
  • La Tormenta Perfecta (2020-2023): Administrando el Vacío. Pandemia, sequía histórica, guerra en Europa y una fiesta fiscal sin fin. El gobierno heredó un colchón flaco y lo estiró hasta que gritó. Se usaron reservas para importar energía, intervenir el mercado cambiario (cepo 2.0) y tapar agujeros. Hoy, el concepto clave es el neto real (las reservas brutas menos los pasivos inmediatos del BCRA). Ese número, el que realmente importa, es un fantasma. Estamos viviendo de prestado y de inventivos financieros que hasta un contador con paperas entendería que son puro humo. El «ahí no más» es la nueva normalidad.

La Foto que Vale más que Mil Palabras: Nuestro Subibaja Crónico

Para entender esta montaña rusa, nada mejor que una imagen. Acá se ve claro cómo los picos de bonanza (2006-2011) fueron seguidos de caídas bruscas, y cómo la «bicicleta» de 2016-2019 creó un pico artificial que terminó en un desplome. La tendencia de los últimos años es la de un estancamiento en niveles críticos, muy lejos de aquella época dorada.

Ojo al piojo;  los USD 44.000 millones que teníamos en reservas (2023) tienen el mismo poder adquisitivo que habrían tenido USD 20.263 millones en el año 1992.

¿Y esto qué significa en criollo?

  • Ilusión Nominal: Parece que tenemos el doble de reservas (de USD 17.000 M a USD 44.000 M), pero en términos reales, de capacidad para comprar bienes y servicios en el mercado internacional, el poder de esas reservas apenas ha aumentado un 20% en más de 30 años.
  • Estancamiento Real: Esto confirma la idea central de este artículo: las reservas no han crecido de manera significativa en términos reales. Hemos vivido décadas de vaivenes, crisis y bonanzas, pero al final del camino, el colchón de seguridad no es mucho más grueso que hace tres décadas, a pesar de que la economía y las obligaciones (la deuda) son mucho mayores.
  • Poniendo en contexto el Pico del 2011: El máximo de reservas de 2011 (USD 52.000 M) equivale a unos USD 31.500 millones de 1992. Esto muestra que aquel fue un momento de verdadera acumulación de riqueza real, no solo nominal, lo que explica por qué esa época se recuerda como de mayor solidez. O sea que decirle Yuyo a la soja, es como no darle maíz a la gallina bataraza de los huevos de oro.

Redondeemos dijo Nemo , el ajuste por inflación nos quita la ilusión del número nominal y nos muestra la cruda realidad: el tanque de nafta está casi igual de lleno que hace 30 años, pero el viaje que tenemos por delante es mucho más largo y complicado.

Conclusión (o la parte donde te deprimís con datos en la mano)

La historia de nuestras reservas es la crónica de un boxeador golpeado que, cada tanto, recibe un balde de agua para seguir en pie un par de rounds más, pero que nunca se termina de recuperar lo suficiente como para ganar la pelea.

Si la deuda es el pasivo, la hipoteca el auto a 72 cuotas; las reservas son el supuesto activo, la cuenta sueldo. La brecha obscena y persistente entre ambas es el termómetro de nuestra enfermedad económica crónica: vivimos consistentemente con más dólares de los que generamos.

¿La solución mágica? No existe. Requeriría un acuerdo político de estado que dejara de usar el billete verde como arma arrojadiza y moneda de campaña, una disciplina fiscal que nos duela a todos en el corto plazo pero nos cure en el largo, y una generación de confianza genuina que invite al mundo a invertir y producir acá. O, como dice mi almacenera: dejar de patinarnos los dólares de la soja en el casino de la política cortoplacista.

Y si este diagnóstico te parece agrio o exagerado, acordate de una cosa: el mensajero solo te muestra el termómetro. El que tiene fiebre hace décadas es el paciente.

Fuente: BCRA, FMI y elaboración propia. Para los puristas de los datos, los números exactos están a un click de distancia… y suelen doler más que el resfrío de un lunes.

Si te gustó, chíflame, en una de esas armamos algo para hablar de sueldos y poder adquisitivo.

Gerardo Cabrera

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