Un texto con toda la arrogancia criolla, apto para su lectura desde la pubertad al fin de la tercera edad.
Por Gerardo Cabrera y G. Especial para Hora25
A los argentinos, los números nos tienen con una atracción casi magnética. Más allá de la formación que tengamos o hasta dónde hayamos llegado con la escolaridad, a todo le buscamos la escala, el porcentaje, la medida. Es parte de nuestro ADN. ¿Quién no adoptó el «cien por ciento seguro» que usan todos, o no divide sus certezas en partes? «El cuarenta por ciento de las mujeres haría tal cosa», dice el argentino promedio. O «el noventa por ciento de los tipos»… Hasta el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional, que siempre le pifia, nos da para el chiste: si anuncian un setenta por ciento de probabilidades de lluvia y no llueve, alguno no falta para remar: «¡Eran bajas las probabilidades, che, y le pegamos!». Como ese amigo que estudiaba meteorología y siempre le encontraba la vuelta.
Claro, esos porcentajes sin sustento son, en realidad, adjetivos disfrazados. Los usamos para darle color a la charla, así como nuestros hermanos colombianos o venezolanos encadenan sinónimos a lo loco.

Pero en serio, los números son medida, graduación, tiempo. Usarlos para entender una situación nos acerca a la certeza. Nos saca de las suposiciones y de los vicios del lenguaje. Con números calculamos cuántos kilómetros le podemos sacar a un tanque de nafta. Y en eso, no hay tutía.
Era abril. No el de Baglietto y Silvina Garré, tampoco el de Malvinas. Pero era día 2, sí: abril de 1976. Época de cadenas nacionales y comunicados oficiales. Un señor de apellido Martínez de Hoz daba su primer discurso. Mi viejo me invitó a verlo. Yo, con mis doce años, trataba de entenderle algo a ese orejudo de la pantalla… Y ahí, en ese momento, se activó mi argentinísimo TOC: pesar, contar, calcular, proporcional, medir; llevarlo todo a la regla de tres simple. Pero esta vez, a casi un decalustro de ese discurso, me puse a cuantificar para compartir con los lectores de Hora25 cuánto debe, en realidad, el Pueblo de la Nación Argentina en concepto de deuda externa.
¿En qué me baso para este laburo? Simple: en los datos oficiales del Gobierno Argentino, del FMI, de consultoras internacionales y una comparación constante de datos que vengo juntando hace años. Porque los números son números, y los relatos políticos suelen ser chamuyo.
Nota: No se consideró el gobierno de Raúl Alfonsín, pues los datos de deuda externa al inicio de su gobierno eran inciertos, algunos ocultos por el régimen anterior, que dan para un análisis en particular.
Análisis Integral de los Datos (1992-2023)
¡Que título más pedante!
Evolución de la Deuda Externa (en MM U$S)
Aflojo con la cháchara y vamos a los bifes.
- La deuda externa creció de 63,847 MM U$S en 1992 a 403,836 MM U$S en 2023, un aumento del 533% en términos nominales. Para que entiendas, imaginate comprar una casa con un crédito a treinta años. Como se te hacía difícil pagar las cuotas fuiste sacando otros créditos y algunas veces no pagaste. Tres décadas después debés ¡CINCO casas!
- Picos de crecimiento:
- 2001-2002: Salto de 144,222 a 165,541 MM U$S (14.7%) durante la crisis del corralito y default.
- 2016-2018: Aumento significativo durante la gestión de Macri (de 275,446 a 332,192 MM U$S), asociado a endeudamiento externo.
- 2020-2023: Crecimiento acelerado durante la pandemia y crisis económica (de 335,582 a 403,836 MM U$S).

Deuda como % del PBI: Riesgo Sostenible
El ratio Deuda/PBI muestra volatilidad extrema. Si, volátil es un término muy usado por los economistas. Quiere decir que es como polvorín, y que todo puede volar por los aires en cualquier momento. Pero tranquilos, llevo seis décadas escuchando el término. Lo que pasó siempre fueron IMPLOSIONES en nuestros bolsillos.
Cuando creíamos que todo estaba muy mal, pero no lo estaba ¿o sí?
1992-2001: Mantenía niveles «manejables» (25%-48% del PBI), excepto en 2001 (48%).

Pero un día vino uno se sentó en el sillón y dijo “No vamos a pagar la deuda externa”, todos aplaudieron. Nos seguimos empobreciendo y endeudando. ¡Ah! El tipo se fue a la semana y nos dejó con el traste apuntando al norte.
2002: Explosión al 147% del PBI por la crisis y devaluación (caída del PBI en dólares).

Llegó el fulano que no ganó elecciones pero se atornilló en el poder. La estabilidad política se tenía por miedo a todos. El ambiente estaba caldeado y se estaba a nada de que la gente saliera a cazar políticos como si fuera el simpsoniano día del garrote.
Argentina por primera vez, luego de quemar funcionarios como fusibles, tuvo el primer ministro de economía trans-presidencial. El que acomodó los tantos fue Roberto Lavagna. Dos presidentes y cuatro años en cartera. Si, después se fue. La cosa estaba tranquila y la política volvía con sus tropelías.
2003-2015: Reducción progresiva hasta 53% en 2015 (crecimiento económico y reestructuración de deuda).
En 2005 con la deuda reestructurada, pago de 15.000 millones al FMI y otros vencimientos, la balanza dio por primera vez en negativo. Pero al final del gobierno de Nestor Kirchner el endeudamiento subió a tasas más altas. En 2010, se repitió con Cristina Fernández con una cifra mucho menor 639 millones. Al término de su presidencia había sextuplicado el endeudamineto comparándolo con el resultado de gestión de su marido.
La recesión de 2014, el crecimiento de la pobreza marcaron el final de una etapa llena de controles y amenzas y cadenas nacionales explicando lo inexplicable.

Un día se prometió un cambio. Las alternativas no eran muchas. La industria nacional andaba en alpargatas. Sin posibilidad de actualizar su equipamiento, con el parque energético vetusto, los tiempos acotados y una sequía que afectó las cosechas en 2018. Con la necesidad de hacerse de dólares genuinos se apeló al crédito externo para pagar los vencimientos. En 2019 el gobierno de M. Macri desembolsa mas de U$S 10.000 millones. Prácticamente 7 de cada 10 dólares tomados como nuevos préstamos, se fueron en pagar vencimientos de los anteriores. En medio de esta crisis, las reservas netas del BCRA llegaron a casi cero (U$S 700 millones)
La economía seguía, a pesar de todo, funcionando, hasta que, desde la pantalla de los TV un presidente de bigotes y dentadura perlada nos retaba con dedito en alto. Mientras en una combinación de malas decisiones económicas, una nueva sequía (2022) y una inexplicable prohibición de trabajar, con una excesiva prolongación de la cuarentena por COVID, incrementó la duda superando los U$S 400.000 mil millones.
2016-2023: Nuevo aumento, llegando al 104% en 2020 (pandemia) y 88% en 2023.

Soja: Dependencia Exportadora y Generación de Divisas
En la ruta se ven mojones que indican los kilómetros, son una referencia de distancia recorrida, faltante y de donde estamos. La soja, se transformó para la empobrecida Argentina, el mojón de la economía.
«La soja es prácticamente, en términos científicos, casi un yuyo».
Cristina Fernández, 31 de marzo de 2008, tratando de explicar el porqué de las retenciones al agro en medio de una crisis financiera global.
La des–industrialización del país, se fue dando a medida que la dependencia agrícola-exportadora se hizo más que fuerte. Así, el yuyo (soja) creció en las exportaciones (poroto, harina, aceite) de 4.2 Millones de toneladas en 1992, a 27.5 Millones de toneladas en 2023.La incidencia en el total de exportaciones aumentó del 8.5% al 36.4% en el mismo período, reflejando:
–Mayor dependencia de un único commodity.
–Vulnerabilidad a sequías (ej: 2018, 2022) y precios internacionales.
Correlación con deuda: En períodos de alto precio de soja (ej: 2011-2013, 2022), se mitigó la presión sobre la balanza comercial, pero no evitó el crecimiento de la deuda.
En la década kirchnerista de 2003 a 2013 el valor tonelada de soja promedió los U$S 557. Y la participación en el total de las exportaciones de la mítica semilla del 22% al 30,5%. Construyendo así un país dependiente del campo, en oposición directa a los discursos de barricada y propaganda política.
Contexto Político y Eventos Críticos
- Período Ferrari, pizza y champán: 1992-1999 (Menem): Deuda creciente pero estable en % PBI. Políticas de convertibilidad y apertura.
- Antonito se fue detrás de Shakira y nos dejó solos: 2001-2002 (Crisis): Default y devaluación. Deuda/PBI disparado al 147%.
- Agarrame que le pego: 2003-2015 (Kirchnerismo): Reducción de deuda/PBI (81% a 53%) con reestructuración, crecimiento y altos precios de commodities.
- No era el primer tiempo, se terminó el partido: 2016-2019 (Macri): Endeudamiento externo masivo (acceso a mercados) pero con crisis cambiaria en 2018-2019.
- La culpa, fue de su querida Fabiola: 2020-2023 (Alberto Fernández): Pandemia, sequía, y crisis fiscal. Deuda/PBI en niveles críticos (80%-104%).
Valor de la Soja y Capacidad de Pago
Con la destrucción de la producción ganadera por los controles de precios, nos hicimos vegetarianos. Las milanesas ya no son de ternera, las hacemos con porotos… de soja.
- El precio de la soja (actualizado por IPC EEUU) fluctuó:
- Mínimos: 130-140 U$S/ton (2002) post-devaluación.
- Máximos: 600-650 U$S/ton (2003-2004, 2011-2012, 2022).
- La capacidad de generar divisas por soja es clave para servir la deuda, pero es volátil. (y dale con la explosiones)
Inflación Estadounidense (IPC EEUU) y Deuda Real
- La deuda en dólares se ve afectada por la inflación de EEUU. Por ejemplo:
- 100 U$S de deuda en 1992 equivalen a 212 U$S en 2023 (por inflación acumulada).
Esto reduce el valor real de la deuda contraída en el pasado, pero aumenta el costo de nueva deuda.

Conclusiones Clave
- Dependencia de la soja: Argentina depende crecientemente de la soja para generar divisas (36.4% de exportaciones en 2023), pero esto la hace vulnerable a shocks climáticos y de precios.
- Deuda insostenible?: El ratio Deuda/PBI superó el 80% en múltiples ocasiones (2002, 2020, 2023), señalando riesgo alto.
- Ciclos políticos: La deuda creció bajo gobiernos de diferente signo, pero con estrategias distintas:
o Kirchnerismo: reestructuración y reducción relativa.
o Macri: endeudamiento en mercados.
o Alberto Fernández: crisis pandémica y fiscal. - El factor soja no alcanza: Aun con precios altos de soja (ej: 2022), la deuda siguió creciendo por desequilibrios fiscales y monetarios.
Fuentes: Los datos se compilan de los reportes oficiales del BCRA, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y elaboraciones de consultoras económicas.
Y si llegaste hasta acá y te subiste al pony de la crítica economista—que los cálculos no son perfectos o las comparaciones no son las ideales—, acordate de una cosa: el desastre económico de nuestro país no lo armó el que cuenta los daños, sino el que los hizo.
Se lo debemos a las pésimas políticas de turno, y a los cálculos, diagnósticos y predicciones espantosos de los economistas de café y de escritorio que nunca, pero nunca, le erraron para su lado.
Si te gustó, chíflame, en una de esas armamos algo para hablar de las reservas.




