En los últimos días vimos cómo se detuvo a un joven por limpiar parabrisas en un semáforo. También vemos, cada día, a chicos vendiendo en las esquinas de Malvinas Argentinas. Y una pregunta no deja de aparecer: ¿la respuesta del Estado es sancionar la pobreza o trabajar para que esas personas no tengan que estar ahí?
Nadie elige pasar horas en un semáforo bajo el frío o el calor para ganar unas monedas. Nadie quiere que un menor tenga que vender en la calle. Detrás de cada persona hay una historia, una familia y, muchas veces, una necesidad que el Estado no supo atender.

La situación económica es difícil. Sería absurdo negarlo. Pero también es cierto que la política encontró una costumbre peligrosa: siempre la culpa es de otro.
El Gobierno Nacional culpa a las provincias. Las provincias culpan a la Nación. Los municipios culpan a ambos. Mientras tanto, la gente sigue esperando respuestas.
En Córdoba, miles de familias estan hace meses sin recibir la leche que necesitaban sus hijos. Si la Provincia considera que hubo menos recursos enviados por la Nación, entonces la obligación de un gobierno provincial es establecer prioridades. Cuando faltan fondos, primero se protege a quienes más lo necesitan. Si hace falta reducir gastos políticos, asesores o estructuras administrativas para garantizar alimentos, esa debería ser la discusión.
Y en Malvinas Argentinas también hay preguntas que merecen respuesta.
¿De verdad nadie vio a esa nena que vende en una esquina? ¿Ningún funcionario pasó por allí? ¿Ninguna de las áreas sociales intervino? ¿No hubo un relevamiento? Si lo hubo, sería bueno que la comunidad conozca qué se hizo. Y si no lo hubo, entonces el problema es todavía más grave.
El municipio cuenta con áreas vinculadas a DESARRROLO SOCIAL, BIENERTAR y LA FLANTE DIRECCIÓN DE DESARROLLO TERRITORIAL Y CULTURA (Osea sigue agrendo cargos Mazzalay, UNA VERGUENZA). Su tarea no puede limitarse a esperar que los problemas lleguen a una oficina. Hay que salir a buscarlos. Caminar los barrios. Hablar con los vecinos. Detectar situaciones de vulnerabilidad antes de que se conviertan en una postal cotidiana.
Todos los días recibimos mensajes de vecinos que buscan trabajo. Padres y madres desesperados por conseguir un ingreso. Jóvenes que no saben cómo armar un currículum o dónde dejarlo.
Entonces la pregunta vuelve a ser la misma: ¿qué herramientas concretas ofrece hoy el municipio? ¿Existe una oficina de empleo activa? ¿Hay programas de capacitación reales, con salidas salidas laborares? ¿Se acompaña a quienes buscan insertarse laboralmente? Si se anuncia un nuevo parque industrial, ¿qué oportunidades reales existen hoy para los vecinos?
No alcanza con inaugurar obras. Gobernar también es estar donde más duele.
Y este mensaje no es para un solo gobierno.
Javier Milei, Martín Llaryora y Gastón Mazzalay tienen responsabilidades distintas, pero responsabilidades al fin. La gente no necesita discursos cruzados. Necesita soluciones.
Porque mientras la política discute de quién es la culpa, hay chicos vendiendo en las calles, familias que no llegan a fin de mes y vecinos que siguen esperando que alguien los escuche.
La pobreza no se combate con multas ni con indiferencia. Se combate con presencia, gestión y decisión política.
Ya es momento de dejar de buscar culpables y empezar, de una vez por todas, a hacerse cargo.




