La doble crisis del sistema previsional argentino.

Principios vs. Realidad

La encrucijada actual del sistema previsional argentino no es solo financiera; es una crisis de principios en un mar de necesidad. Para entender por qué las moratorias son a la vez un «parche» problemático y una solución indispensable, debemos profundizar en la anatomía de este trance.

Es crucial entender que las distintas administraciones de gobierno son, ante todo, eso: gestiones. Su autoridad y seguridad jurídica emanan de un principio de cuidado del Estado (que, se dice, somos todos) y no de la imposición dictatorial de la voluntad de un presidente o una presidenta.

La premisa al asumir cualquier gobierno debe ser la mesura, el equilibrio, la autoridad y la equidad. Si se privilegia a unos sobre otros, como ocurre en el populismo de ciertas nuevas aristocracias, se generará la reacción negativa que Marx y Engels* anticipaban: el rechazo de quienes se sientan confiscados. Por el contrario, si se extrema la apatía hacia el prójimo, como suelen proponer los sectores más antiestatistas, se perderán en simples elecciones todos los sacrificios efectuados para revertir el paupérrimo estado del erario.
*Marx y Engels teorizaron en “El Capital” que las revoluciones debían surgir en naciones ricas y desarrolladas, no en las pobres y atrasadas.

 El principio contributivo bajo ataque: La informalidad como condena

El modelo ideal de un sistema de reparto es simple: una generación activa y formalmente empleada sostiene financieramente a la generación pasada. Este contrato social se quiebra cuando la base de trabajadores formales se erosiona.

  • La estadística es cruel: Con un 35% de informalidad y una relación de 1.3 trabajadores activos por cada jubilado, la matemática no cierra. El sistema está estructuralmente quebrado. No es una cuestión de ideología, sino de aritmética.
  • La «elección» es una ilusión para muchos: Decirle a un trabajador que toda su vida fue changarín, cartonero o empleada doméstica sin registro que «debió aportar» es una abstracción cruel. Su «elección» fue entre la informalidad y el hambre. El sistema, por lo tanto, no puede castigar con la indigencia en la vejez una «decisión» que nunca existió
  • Las «amas de casa»:
    La solicitud de jubilación para amas de casa merece un matiz crucial. Reconocer económicamente el trabajo de cuidado no remunerado es una deuda pendiente de toda la sociedad. Sin embargo, incorporarlo como un derecho previsional sin una contrapartida contributiva clara y financiada colapsaría el sistema. La solución no pasa por equipararlo de golpe a una jubilación contributiva, sino por crear instrumentos específicos previos. Cargar un sistema considerando la elección de ser ama de casa como un trabajo remunerado, tiene la misma justificación que mantener a generaciones viviendo de planes sociales.
  • Seguros de capacitación: Que los años dedicados al hogar cuenten para acceder a programas de formación y reinserción laboral formal.
  • Aportes solidarios: Diseñar un mecanismo mediante el cual se realicen aportes jubilatorios por esa labor de esas persona. Evitando el financiamiento del fondo general de ANSES. Perjudicando a aquellos que aportaron o no tuvieron la opción.
  • PUAN: Un reconocimiento económico que, sin ser igual a una jubilación plena, provea un piso de dignidad, diferenciándolo de quien sí realizó 30 años de aportes. Claro que un examen patrimonial.
    Regalar la jubilación plena por esta condición, sin un debate profundo sobre su financiamiento, sería tan irresponsable como negar cualquier reconocimiento.

«Cuando alguien se jacta de ser un ‘hambreador de jubilados’, lo único que demuestra es su propia ceguera. Confunde el privilegio de haber nacido en cuna de oro con un supuesto mérito intelectual. Su ‘capacidad’ más evidente es la de no ver que el lugar donde naciste define tu vida más que tu coeficiente intelectual. No es grandeza, es soberbia disfrazada de éxito.»

La Moratoria: La genialidad contable de un sistema en terapia intensiva

Es un instrumento que aprovecha la distorsión temporal creada por la inflación para generar un alivio inmediato.

  • El Estado como «Cobrador de deudas licuadas»: Imagínese a ANSES como un prestamista que otorgó créditos en pesos de los años 90 y 2000. Esos créditos, en términos reales, hoy valen casi nada. La moratoria le permite a ANSES cobrar esa deuda incobrable en pesos de 2024. Es, en esencia, una recapitalización forzosa del sistema con dinero fresco.
  • Beneficio actuarial concreto: No es solo lo que se recibe, sino lo que se deja de pagar.
    • Evita el costo de una pensión no contributiva: Una pensión graciable es un gasto puro para el Estado. Una jubilación por moratoria se financia en parte con el pago de la propia moratoria.
    • Reduce el período de pago: Una persona que se jubila a los 60 años con moratoria probablemente recibirá haberes por 15-20 años. Si esa misma persona hubiera aportado desde los 18, el Estado le habría pagado jubilación desde los 65 (suponiendo esa edad) y por muchos más años.

La moratoria es un «rescate» que el sistema se hace a sí mismo, incorporando masa de cotizantes de último momento que, con su pago, ayudan a financiar a los ya jubilados. Es un círculo virtuoso en el corto plazo, pero un vicio para la cultura del aporte en el largo plazo.

3. El Rol del Gobierno: Administrador con ALMA, No contador con portafolio

Un gobierno no es una empresa. Su balance no solo mide flujos de caja, sino bienestar social y cohesión nacional. Un administrador de recursos públicos tiene la obligación de optimizarlos, pero también de garantizar que su administración no genere un daño social irreversible.

  • El costo de no hacer nada: El costo de dejar a millones de ancianos en la indigencia no es solo moral; es económico y social. Se traduce en:
    • Mayor presión sobre el sistema de salud pública.
    • Inseguridad y fractura del tejido social.
    • Un legado de desesperanza que mina la confianza en la República.
  • La Lógica del «Mal Menor»: Entre dos opciones malas (debilitar el principio contributivo con moratorias vs. condenar a una generación a la miseria), un gobierno ético elige la que mitiga el sufrimiento humano inmediato. La moratoria es ese «mal menor» técnicamente justificable y humanamente imprescindible.

Hacia un nuevo contrato social

El debate, entonces, no debe estancarse en «moratoria sí vs. moratoria no». Ese es un síntoma de la enfermedad. El verdadero debate debe ser cómo construimos un sistema que haga de las moratorias algo innecesario.

La agenda futura no puede eludir estos pilares:

  1. Guerra declarada a la informalidad laboral: Con una simplificación impositiva real, una reforma laboral que incentive el blanqueo y una inspección inteligente. Sin formalización, no hay sistema previsional que sobreviva.
  2. Un debate sobre la edad Jubilatoria: Es matemáticamente insostenible que la esperanza de vida aumente y la edad para jubilarse se mantenga. Un sistema de edad flexible, que incentive trabajar más años con beneficios mayores, es inevitable.
  3. Transparencia radical en la caja de ANSES: La población debe entender de dónde sale y a dónde va cada peso. Que se sepa claramente qué porcentaje de sus haberes es financiado por aportes y cuál por impuestos generales. Esto acabaría con el uso clientelar de los beneficios.
  4. Un piso digno universal, desvinculado de la política: Establecer constitucionalmente que todo adulto mayor tiene derecho a un ingreso mínimo que lo aleje de la indigencia, sea llamado jubilación, pensión o ingreso universal. Este piso debe ser inmodificable por decretos y ajeno a la pulseada política.

La pregunta de la infancia, «¿qué querés ser?», debe tener una respuesta posible para todos. Mientras no sea así, el Estado no puede eludir su rol de red de contención final. Las moratorias son el reconocimiento doloroso de ese fracaso colectivo y, a la vez, la herramienta imperfecta que nos permite seguir avanzando, con la esperanza de que la próxima generación de argentinos pueda jugar a cazar su futuro con un ovillo de lana, no con un ladrillo de pobreza heredada.

Criticar es fácil. Lo hacen los políticos cuando les toca ser oposición. Escribir una nota sobre el tema, lo hacemos mucho, proponer algo, eso no lo vemos a menudo, yo me animo ¿Y tu político amigo?

Propuesta para un sistema previsional sostenible y equitativo

El sistema previsional argentino evidencia una crisis estructural caracterizada por:

  • Cobertura extensa (7.5 millones de beneficiarios) con financiamiento insuficiente
  • Solo 1.3 trabajadores activos por cada jubilado
  • >35% de informalidad laboral que erosiona la base contributiva
  • Distribución regional desigual que profundiza asimetrías sociales

Reforma propuestas

1. Transición hacia un sistema mixto inteligente

  • Mantener el pilar solidario de reparto para garantizar cobertura universal
  • Crear un segundo pilar de capitalización individual voluntaria con incentivos fiscales
  • Establecer un Fondo de Sostenibilidad con recursos de rentas extraordinarias

2. Medidas contra la informalidad laboral

  • Implementar un régimen de monotributo previsional progresivo
  • Crear incentivos para regularización de empleo en sectores críticos
  • Establecer convenios interprovinciales para armonizar fiscalización

3. Equidad regional

  • Fondo de compensación para provincias con menor densidad previsional
  • Programas de desarrollo económico regional vinculados a formalización laboral
  • Criterio de asignación que considere costo de vida por región

4. Sostenibilidad demográfica

  • Edad jubilatoria flexible (62-70 años) con beneficios crecientes por postergación
  • Incentivos para prolongación vida laboral en actividades no manuales
  • Reconocimiento especial de aportes a sectores críticos (salud, educación)

Implementación Gradual

  • Fase 1 (2025): Consenso federal y marco legal
  • Fase 2 (2026-2027): Pilotos regionales y sistema de capitalización opcional
  • Fase 3 (2028+): Evaluación y ajustes con participación de actores sociales

Principios rectores

  • Solidaridad intergeneracional: equilibrio entre derechos adquiridos y sostenibilidad futura
  • Equidad regional: compensación asimétricas territoriales
  • Progresividad: quienes más tienen contribuyen proporcionalmente más
  • Transparencia: información accesible sobre sostenibilidad del sistema

Queda, la propuesta, a disposición de cualquier político que quiera decir que es SU idea y la aplique (Como el AUH de Lilita o el aguinaldo y la creación de ANSES de Farrell)
Y como dijo Tato Bores “ que les garúe finito”…  pero no tanto, pues no tenemos para paraguas, menos para piloto y galochas.

Gerardo Cabrera

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