Internas del PJ de Llaryora: el peronismo de Colón premia lo que la gente cuestiona

Editorial Hora 25 – La visita de Gustavo Brandán al departamento Colón durante la semana pasada no fue solamente una recorrida institucional ni una agenda vinculada a subsidios para el gas en las escuelas. También hubo otro objetivo, menos difundido pero mucho más político: ordenar la interna, acomodar nombres y cerrar la conducción departamental del PJ cordobés.

Y ahí apareció la sorpresa. O quizá no tanto.Bajo la tutoría de Brandán, la presidencia departamental seguirá en manos del intendente de Malvinas Argentinas, Gastón Mazzalay. Sí, el mismo Mazzalay que en su ciudad carga con cuestionamientos permanentes de vecinos por la gestión, por la falta de respuestas y por un desgaste que ya no se puede esconder debajo de la alfombra. Como segunda quedó Claudia Acosta, intendenta de Mi Granja, reelecta además al frente de la Comunidad Regional Colón, una dirigente que tranquilamente podría haber encabezado esa lista por presente, por resultados y por reconocimiento territorial.

Entonces la pregunta cae sola: ¿todos los peronistas del departamento Colón se sienten representados por Gastón Mazzalay?

Porque una cosa es cerrar una lista de unidad y otra muy distinta es hacer de cuenta que no pasa nada. Una cosa es la rosca partidaria y otra, muy distinta, es la realidad. Y la realidad indica que en muchos lugares del departamento hay intendentes y dirigentes con mejor imagen, con más gestión y con mayor valoración vecinal que quienes terminan quedándose con los principales lugares de conducción.

El caso de Mi Granja es un ejemplo claro. No son pocos los vecinos que reconocen el crecimiento, el orden y la transformación de la localidad. Hay una percepción positiva, concreta, visible. Sin embargo, otra vez el esquema del poder provincial elige mirar para otro lado. Otra vez se premia más la conveniencia política que la gestión. Otra vez el mensaje parece ser el mismo: importa más el armado que el resultado, más la obediencia que la eficacia, más el acuerdo entre dirigentes que la opinión de la gente.
Y eso también habla de una ausencia preocupante de autocrítica.

Porque si el peronismo quiere reconstruir legitimidad, si quiere volver a enamorar a una sociedad cansada de los privilegios de la política, no puede seguir actuando como si nada hubiera cambiado. No puede seguir repartiendo cargos como si los partidos fueran fortalezas inexpugnables. Mucho menos en un contexto donde el surgimiento de Javier Milei dejó al descubierto una verdad incómoda: los sellos ya no garantizan nada. Hoy la gente mira menos la estructura y mucho más a las personas. Mira quién gestiona, quién da la cara, quién resuelve y quién no.

Por eso esta designación no es un dato menor. No define una elección, no cambia por sí sola el rumbo de una ciudad ni de un departamento, pero sí expone una lógica. Una lógica vieja. Una lógica que el peronismo parece incapaz de abandonar. La lógica de mirarse a sí mismo, de cuidar su interna, de preservar equilibrios entre dirigentes, aunque eso signifique dejar de lado a quienes muestran mejores resultados o mayor acompañamiento social.

Es una historia repetida. Acá y en cualquier provincia. Cuando tiene que elegir entre el vecino y su propio esquema de poder, el peronismo demasiadas veces elige su propio ombligo.

Y entonces vale volver a preguntarlo: ¿qué se está premiando realmente?
Porque si la conducción partidaria termina encabezada por quienes más cuestionamientos acumulan, mientras se relega a quienes muestran mejor gestión, el mensaje es devastador. No se ordena la política: se la aleja todavía más de la gente.

Si Perón y Evita vivieran, difícilmente podrían reconocer en estas maniobras el movimiento que decían defender. Porque el verdadero peronismo, el que supo interpretar la calle, escuchar el dolor social y premiar a quienes transformaban realidades, no se construía desde una mesa chica. Se construía con el oído puesto en el pueblo.

Y cuando el pueblo deja de ser prioridad, el partido deja de ser herramienta para transformarse en refugio de dirigentes.

Fuente Diario Alfin

Redaccion

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