«Escribir sobre violencia de género es un acto de militancia literaria» Luciana Fernandez Blanco

Entrevista a Luciana Fernández Blanco

Con una prosa que no esquiva el dolor pero apuesta por la resiliencia, la escritora y docente Luciana Fernández Blanco presentó en 2023 «Yo sin vos». Publicada por Editorial Quipu, esta novela aborda las secuelas de la violencia de género desde la mirada de una hija adolescente. En diálogo con HORA25, le preguntamos a la autora nos habla de Candela, de las heridas que no cierran y del poder reparador de la palabra.

Luciana nació en Zárate en 1974. Es Licenciada en Comunicación Social por la UBA y tiene una trayectoria que combina el periodismo, la docencia y la crítica de arte. Sin embargo, es en la literatura donde encontró el vehículo perfecto para lo que ella llama «compromiso social». En 2020 fue finalista en un concurso internacional con El ladrido de los ángeles, una historia que pone la lupa en chicos en situación de calle. Pero es con Yo sin vos (2023) que su nombre resuena con fuerza en las ferias y universidades, llevando a la mesa un tema que duele pero que necesita ser nombrado: el maltrato y el femicidio.

La génesis de una historia necesaria

H25: «Yo sin vos» nos presenta a Candela, una chica que intenta construir una vida normal después de un hogar desgarrado por la violencia, pero el pasado siempre regresa. ¿Cómo nació la idea de contar esta historia desde la perspectiva de la hija y no desde la víctima directa?

Luciana Fernández Blanco: Contar la historia de Yo sin vos desde la perspectiva de una hija tuvo que ver, en gran medida, con que se trata de Zona Límite, una colección que forma parte de lo que se conoce como Young Adult o joven adulto. Es una línea editorial que tiende a presentar personajes, y sobre todo protagonistas, jóvenes o adolescentes.

Pero también tuvo que ver con una decisión narrativa. Me interesaba presentar la perspectiva de una hija, una hija que después se ve en la situación de enfrentar un peligro parecido al que vivió su mamá. Me parecía que esa mirada permitía mostrar cómo la violencia no afecta solamente a la víctima directa, sino también a quienes crecen alrededor de esa experiencia y deben reconstruirse después de haberla atravesado.

H25: La protagonista se refugia en la escritura y en la mentira como mecanismos de defensa. ¿Es la literatura una herramienta de salvación?

LFB: La literatura, como todo arte, o como todo campo del arte, tiene una función que los griegos llamaban catártica. Es decir, permite la exposición de la subjetividad, de lo que nos sucede, de lo que nos preocupa, de lo que nos inquieta y de lo que nos interesa.

Siempre hay un sesgo subjetivo presente, porque quien escribe inevitablemente pone algo de sí mismo en lo que hace. En ese sentido, la literatura tiene un costado emocional muy claro. No sé si hablaría exactamente de salvación, porque es una palabra muy fuerte, pero evidentemente sí ayuda a manifestar un estado de pensamiento y de emoción por parte del autor.

Y muchas veces también permite procesar experiencias, ponerles palabras a cuestiones que de otro modo quedarían encerradas o sin expresar. Por eso creo que tiene una función muy importante, tanto para quien escribe como para quien lee.

El compromiso con la realidad

H25: Su libro cuenta con el prólogo de Corina Fernández, una sobreviviente y referente en la lucha contra la violencia de género. ¿Qué significó ese aval?

LFB: El aval y la presencia en el libro de esta referente de la lucha contra la violencia de género, Corina Fernández, fue algo muy significativo y muy importante para mí.

Cuando se me sugirió buscar a una referente vinculada con esta temática, enseguida pensé en ella. Corina tuvo una historia tremenda. Hace algunos años su caso fue muy conocido porque su exmarido la esperó disfrazado en la puerta de una escuela y le disparó varias veces. Si no me equivoco, fueron cinco o seis disparos y recibió tres impactos.

Estuvo gravísima y logró sobrevivir. Durante mucho tiempo convivió incluso con dos balas alojadas en los pulmones. Por eso su testimonio tiene un peso enorme dentro de la lucha contra la violencia de género.

Que ella haya aceptado acompañar la novela con su prólogo fue para mí un honor. Estoy muy orgullosa de que nos haya acompañado en este proyecto y de que haya considerado valioso el trabajo realizado en la novela.

H25: Su primera novela, El ladrido de los ángeles, abordaba la situación de calle y el proteccionismo animal -7. Notamos un patrón en su obra: escribir sobre los invisibles.

LFB: Respecto de escribir sobre situaciones de vulnerabilidad, o como vos decís, sobre los invisibles, creo que tiene que ver con un interés personal y con una inclinación que probablemente esté vinculada también a mi formación periodística.

El periodismo, en gran medida, pone el foco en situaciones de carencia, de injusticia, de desigualdad o de ruptura social. De alguna manera, esa mirada me acompañó también cuando empecé a escribir ficción.

Pero además hay un componente más personal. Vengo de una familia en la que siempre existió una preocupación por no ser indiferente frente a lo que les pasa a los demás. Entonces, naturalmente, esos temas aparecen en mi escritura.

En El ladrido de los ángeles aparece justamente esta realidad tan dolorosa del desamparo de chicos en situación de calle. Allí esa situación se presenta casi como una hipérbole: chicos que viven en fábricas abandonadas y que encuentran protección únicamente en los perros. Me interesaba mostrar esa vulnerabilidad extrema y, al mismo tiempo, la capacidad de generar vínculos y afectos incluso en contextos muy adversos.

Un mensaje de esperanza

H25: El libro está dirigido a «jóvenes y adultos». En un contexto donde los adolescentes están expuestos a información violenta en las redes, ¿cómo se recibe una historia tan cruda como esta en las aulas?

LFB: La recepción en las aulas ha sido excelente. Realmente excelente.

El año pasado estuve en Entre Ríos, en tres localidades: Villa Elisa, Urdinarrain y otra que ahora no recuerdo. Lo que sucede cuando un docente adopta el libro para trabajarlo en clase es muy interesante. Los profesores eligen el texto, lo solicitan y, por suerte, contamos con una edición accesible gracias al trabajo de la editorial y de la colección.

Después viene todo el proceso de lectura y, finalmente, la visita del autor. Y ahí ocurre algo maravilloso. Siempre los encuentros con estudiantes son lindos, pero cuando los chicos ya leyeron la historia se genera un clima especial, de sensibilidad, compromiso y reflexión.

La posibilidad de diálogo y de escucha entre ellos y yo es realmente increíble. Es increíble lo que exponen, lo que preguntan y lo que comentan. Muchas veces comparten experiencias personales, inquietudes o reflexiones muy profundas.

Además, han realizado trabajos hermosos a partir de la lectura. Han hecho obras de teatro, dibujos, tejidos y distintos regalos creados por ellos mismos. Todo eso para mí es muy valioso y muy emocionante. Es un regalo extra que me da la literatura.

Creo que los chicos encuentran allí también una especie de refugio, porque la lectura a veces funciona como refugio. Pero para que eso ocurra es necesario habilitar espacios de diálogo posteriores a la lectura. El encuentro con el autor ayuda mucho en ese sentido.

Ellos valoran muchísimo esa instancia y también encuentran allí una oportunidad para expresar sus emociones. Y no hay que tener miedo de que aparezcan las emociones; al contrario. Lo peor que puede pasar es que queden encriptadas, guardadas, sin posibilidad de ser compartidas o elaboradas.

H25: Finalmente, Luciana, ¿qué les diría a esas lectoras que se ven reflejadas en Candela?

LFB: A las lectoras que se sienten identificadas con Candela les diría que siempre puede existir una solución, una salida. De hecho, ese era el lema de Corina Fernández: “Hay una salida”. Y me parece muy importante insistir en esa idea.

La sensación de convivir con una persona violenta o con un acosador es muy difícil de explicar para quien nunca la atravesó. Más allá de ciertos prejuicios que todavía existen, cuando una mujer llega al punto de comprender que tiene que salir de esa situación, necesita saber que no está sola.

Muchas veces la salida está en los vínculos sanos, en la familia, en los amigos, en las personas que acompañan. Lamentablemente, las respuestas institucionales suelen ser más erráticas. La Justicia presenta muchos límites y muchos errores. Existen demoras en las perimetrales, dificultades en la atención y situaciones que no siempre ayudan a quien está atravesando un momento tan delicado.

Las comisarías de la mujer, por ejemplo, muchas veces tardan horas en atender a una persona que finalmente se decidió a denunciar. Y sabemos que tomar esa decisión no es fácil. Por eso cualquier demora puede resultar muy frustrante.

Aun así, siempre hay que buscar ayuda. Hay que seguir buscando ayuda y tratar de evitar volver a la situación de violencia. Muchas veces el victimario produce un desgaste emocional muy profundo. Va erosionando la autoestima de la mujer y termina generando la sensación de que no puede alejarse, de que no va a poder sola o de que la van a encontrar.

Esa sensación existe y es terrible. Por eso es tan importante el acompañamiento.

También les diría que tengan paciencia. La recuperación no ocurre de un día para otro. La cura emocional, la mejoría y la reconstrucción de la propia vida requieren tiempo. No es un proceso inmediato.

Pero con vínculos sanos, con acompañamiento y con espacios de género como los que existen en muchos municipios, es posible encontrar apoyo. Lo fundamental es intentar, a toda costa, alejarse definitivamente de la persona agresora y sostener esa decisión con la ayuda de quienes puedan acompañar ese proceso.

Gerardo Cabrera

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