Intelecto vs. Barbarie

La política del like: cuando el odio se viraliza, los trolls reemplazan el debate y la preparación brilla por su ausencia.


¿Se Pueden Comparar el Nazismo y la Militancia Argentina? Un análisis que va más allá del grito en las redes?

En el debate político argentino, los insultos vuelan rápido: «son fascistas», «son nazis», «son una horda». Pero, ¿qué pasa cuando apagamos el micrófono de la grieta y encendemos la luz de la sociología? Un análisis serio de los mecanismos de la militancia, aquí y en la historia, ayuda a entender cómo se construyen los movimientos de masas sin caer en comparaciones odiosas que banalizan el horror.

Vivimos en una era de extrema polarización. Las redes sociales amplifican consignas, los liderazgos carismáticos movilizan multitudes y la figura del «enemigo» (la casta, los gorilas, los zurdos) se repite como un mantra para unir a los propios. Este patrón no es exclusivo de la Argentina del siglo XXI. Al repasar la historia encuentro ejemplos extremos y fundamentales para aprender y entender cómo funcionan estas dinámicas.

Con este artículo no busco (de manera alguna) decir que un acto peronista, kirchnerista o libertario es igual a un mitin nazi. Equipararlos sería un error grave que ignora el abismo entre una democracia, aunque conflictiva, y un régimen totalitario y genocida. Evitando caer en el mismo vicio discursivo de muchos referentes políticos que se autoproclaman el derecho a rotular a su eventual oponente. Mi objetivo es otro: usar las herramientas de pensadores clásicos como Hannah Arendt o Max Weber para desarmar, o mejor dicho, poner en evidencia, el «manual de instrucciones» de la movilización colectiva.

Me pregunto a menudo ¿Por qué las multitudes se emocionan con un líder? ¿Cómo se logra que miles de personas actúen al unísono? ¿Por qué la construcción de un adversario común es tan eficaz para cohesionar un grupo? ¿Cómo pasamos de los bombos y las marchas a los trolls y los memes digitales que pululan en las redes sociales?

Al comparar el fenómeno nacionalsocialista con las formas de militancia argentina, busco respuestas a estas preguntas. En un ejercicio necesario para dejar de gritar y empezar a comprender las fuerzas profundas que mueven la política, no solo en nuestro país, sino en el mundo. Es imprescindible para mí, entender la mecánica de las pasiones colectivas para poder defender, con más lucidez, la democracia en la que vivimos.


Comparación Sociológica: Nacionalsocialismo Alemán y Militancia Argentina en los Siglos XX y XXI

Dos Fenómenos de Masas en Contextos Disímiles

→Nacionalsocialismo alemán (1933-1945): Fue un movimiento totalitario de masas que, una vez en el poder, eliminó toda pluralidad política. Su ideología era totalizante (Weltanschauung), pretendía explicar y controlar todos los aspectos de la vida. Se caracterizó por:

→Control absoluto del aparato estatal: Fusión del partido (NSDAP) con el Estado, usando todas sus instituciones (justicia, educación, ejército) para sus fines.

→Propaganda sistemática y censura: Dirigida por el Ministerio de Ilustración Pública y Propaganda de Joseph Goebbels, con un mensaje unificado y omnipresente.

→Terror y violencia institucionalizada: Uso de organizaciones paramilitares (SA, SS) y policías secretas (Gestapo) para eliminar la disidencia mediante el terror.

→Objetivo genocida: La lógica de construcción del enemigo culminó en la Solución Final y el Holocausto, un proyecto de exterminio industrializado.

→Militancia argentina (siglo XX-XXI): Es un fenómeno heterogéneo, fragmentado y con dinámicas cambiantes. No es un bloque monolítico, sino que abarca una amplia gama de expresiones:

→Alta fragmentación: Existe una diversidad de agrupaciones (peronistas ortodoxas, de izquierda, radicales, trotskistas, libertarias, etc.) que a menudo compiten entre sí.

→Repertorios de acción duales: Combina formas tradicionales (marchas, actos partidarios, cánticos, «bombos», piquetes) con nuevas formas digitales (militancia online, comunidades en redes sociales, «ejércitos de trolls», producción de memes y contenido audiovisual).

→Relación cambiante con el Estado: La militancia puede ser oficialista (ejerciendo poder desde el Estado), opositora (presionando desde la calle) o social (movimientos piqueteros, asambleas barriales), sin controlar nunca el aparato estatal en su totalidad.


Las Lentes para Entender las Masas
Los teóricos que cito, me proporcionan herramientas conceptuales para analizar ambos fenómenos más allá de sus diferencias históricas.

Con Gustave Le Bon (Psicología de las multitudes) trato de entender la dinámica emocional e irracional de los actos masivos. Tanto en los desfiles nazis como en un acto político argentino, distingo una «alma colectiva» donde el individuo se sumerge, perdiendo sentido crítico y siendo guiado por consignas simples y emociones (exaltación, odio al enemigo).
Max Weber (Tipos de dominación): me es imprescindible para analizar el liderazgo. La dominación carismática se basa en la devoción extraordinaria a la persona del líder y a sus cualidades consideradas heroicas. Esto es evidente en el culto a Hitler y, en Argentina, en figuras como Perón o Evita, cuyos liderazgos trascendieron lo institucional para basarse en un vínculo emocional directo con la «masa».

Hannah Arendt (Los orígenes del totalitarismo): me dio las pistas de cómo los movimientos totalitarios encuentran terreno fértil en masas atomizadas (individuos aislados, sin vínculos de clase sólidos). El movimiento les ofrece una identidad y un propósito. Mientras el nazismo creó esta atomización, en Argentina la militancia suele operar en comunidades preexistentes (sindicatos, barrios, universidades), aunque también puede atraer a individuos aislados.

Elias Canetti (Masa y poder): es el prisma que usé para realizar un análisis de los símbolos y pulsiones de la masa. El impulso de fusión (la necesidad de disolverse en la multitud), la descarga (el momento de liberación emocional, como un grito unánime) y la construcción de un enemigo común como elemento de cohesión son patrones observables en ambos casos.

Pierre Bourdieu (Habitus y capital simbólico): Me permitió analizar la militancia como un campo con sus propias reglas. El «habitus militante» es un conjunto de disposiciones incorporadas (cómo hablar, vestir, cantar, moverse). La acumulación de «capital simbólico» (prestigio, reconocimiento) dentro del grupo se logra mediante la demostración de lealtad y activismo. Esto genera un fuerte sentido de pertenencia y distinción frente a «los otros».

Mecanismos de Cohesión y Movilización
Una tabla comparativa, puede ayudar a racionalizar los elementos.

ElementoNacionalsocialismo AlemánMilitancia Argentina (Ejemplos)
1. Culto al LíderAdolf Hitler como el Führer, líder supremo, redentor y guía infalible. Culto cuasi-religioso.Figuras personalistas: Juan D. Perón («el Líder», «el Conductor»), Eva Perón («la Abanderada de los Humildes»), Cristina Fernández de Kirchner («Cristina»). Figuras actuales como Javier Milei («el Loco», «el Peluca») desde un discurso anti-casta.
2. Rituales ColectivosNuremberg: desfiles masivos, estética grandilocuente, simbología (esvástica), saludo romano, luces.Actos, marchas, cánticos: Uso del «bombo» como ritmo cardiaco de la movilización, banderas, camisetas, pañuelos. Rituales como el «Día de la Lealtad» peronista.
3. Construcción del EnemigoEl judío: Chivo expiatorio total, encarnación del mal absoluto. También comunistas, eslavos, homosexuales.Términos variables según la ideología: «La oligarquía», «el Imperio», «la casta política/económica/judicial», «los gorilas» (anti-peronistas), «los zurdos» o «comunistas».
4. Medios de PropagandaControl total y unidireccional: Prensa, radio, cine (Leni Riefenstahl), carteles. Mensaje uniforme.Medios tradicionales y digitales: Radio peronista histórica, canales de TV afines (C5N, LN+), y redes sociales: cuentas oficiales, «ejércitos de trolls», bots, creación de tendencias, guerra de memes.
5. Estructura OrganizativaPirámide totalitaria: NSDAP, SS (élite), SA (milicia), Juventudes Hitlerianas. Penetraba toda la sociedad.Red fragmentada: Sindicatos, agrupaciones políticas («La Cámpora», UCR-Juventud), movimientos piqueteros, organizaciones de derechos humanos. Competencia interna.
6. ViolenciaSistémica y exterminadora: Desde la violencia callejera inicial (SA) al Holocausto. Base del régimen.Variable según el período: Violencia física en épocas dictatoriales (Triple A, guerrillas). Hoy predominio de la violencia simbólica (estigmatización, discurso de odio online) y esporádica violencia física en protestas.


La Distancia Insalvable del Totalitarismo

Tropecé con una diferencia fundamental que me impuso un límite ético y analítico a la comparación:

No puedo suprimir la naturaleza del Régimen:

La Alemania Nazi era un Estado totalitario. Suprimió todas las libertades, eliminó el pluralismo, controló toda la vida pública y privada, y usó el terror masivo como herramienta de gobierno. No había oposición legal ni espacios fuera del control del partido.
La Argentina es una Democracia pluralista, aunque conflictiva. Existe una alternancia en el poder (aunque con desigualdades), oposición legal, prensa crítica (aunque polarizada) y un marco institucional que, si bien es tensionado, permanece. En este contexto competitivo opera la militancia.

Encuentro diferencias en Objetivo y Método:

Alemania Nazi: Su objetivo último era la creación de un «Reich de los Mil Años» basado en la pureza racial, lo que requirió exterminio sistemático (genocidio) y guerra de conquista.

Militancia Argentina: Su objetivo es la conquista o influencia del poder político dentro del sistema para imponer un proyecto. Sus métodos, aunque a veces puedan ser autoritarios o violentos, no buscan el exterminio físico total de un grupo (aunque el discurso puede deshumanizar).

Alemania Nazi: Control total mediante el terror, la propaganda y las organizaciones de masas obligatorias.

Argentina: La adhesión militante es, en general, voluntaria y se basa en la identificación política, la lealtad o la necesidad material (clientelismo). No existe un control social total comparable.

La comparación sociológica revela que ambos fenómenos comparten lógicas profundas de la psicología de masas: la necesidad de identificación con un líder carismático, la potencia cohesionadora de los rituales y símbolos compartidos, y la eficacia retórica de construir un enemigo común para simplificar conflictos sociales complejos y galvanizar a los seguidores.
Sin embargo, las diferencias de contexto, intensidad y marco institucional son abismales e insalvables. El nacionalsocialismo fue una patología extrema de la modernidad que aprovechó una crisis devastadora para instaurar un régimen genocida. La militancia argentina, con sus facetas muchas veces confrontativas y sus prácticas autoritarias, se desenvuelve en el seno de una democracia vibrante, imperfecta y conflictiva. Su existencia es, de hecho, un síntoma de la vitalidad y la pugna política que caracterizan a la sociedad argentina, lejos de la homogenización silenciosa y mortífera del totalitarismo. La comparación me sirvió para entender mecanismos, no para equiparar regímenes.

Claro que, este análisis lo hice sobre la Argentina actual. Pero es casi obligatorio la mención del Peronismo Histórico. Sin dudas un caso que me desafía a la comparación

El peronismo de los primeros gobiernos (del ’45 al ’55) es, quizás, el ejemplo más claro de la Argentina de un intento de construir una maquinaria de propaganda y adoctrinamiento con similitudes formales a las que usaron los regímenes totalitarios europeos, aunque sin llegar nunca a su escala ni a su horror final.
Acá debo ser preciso. No digo que Perón fuera Hitler, ni que la Argentina de los ’40 fuera la Alemania del ’30. La intención y el contexto histórico eran otros. Pero los mecanismos que usaron para consolidar el poder y moldear la opinión pública se parecen en varias cosas, y eso no se puede ignorar.

Doy algunos ejemplos concretos:
El Adoctrinamiento en las Escuelas: Es tal cual. Se cambiaron los libros de texto para elevar a Perón y Evita a figuras casi míticas. La «razón de mi vida» se volvió lectura casi obligatoria. Esto apuntaba a captar las mentes de los más chicos, a crear una lealtad desde la base, algo que también hizo el nazismo con las Juventudes Hitlerianas y el fascismo italiano.
Los Regalos y la Asistencia Social: La máquina de aguinaldos, los turismos populares, las pelotas de fútbol, las máquinas de coser. Eran dádivas concretas que generaban una lealtad férrea y una sensación de deuda permanente con el líder. Era una forma de clientelismo de Estado, masivo y efectivo, que consolidaba poder.
La Censura y la Persecución: Acá está el punto más delicado. Medios opositores como La Prensa o La Nación fueron intervenidos o sufrieron una presión feroz. Y lo de encarcelar opositores políticos, como a Ricardo Balbín, es un dato de la realidad que no se puede barrer bajo la alfombra. Mostraba una intolerancia hacia la disidencia que, de nuevo, recuerda en su método (aunque no en su brutalidad final) a cómo actuaban los regímenes más cerrados.

Entonces, ¿eran lo mismo? Para mí, la respuesta es no. La gran diferencia, y es abismal, está en la intensidad, el objetivo final y el marco.
Acá hubo una oposición que, aunque acosada, siguió existiendo. No hubo campos de exterminio, ni un plan de eliminar físicamente a un grupo étnico o político. El peronismo, con todas estas prácticas autoritarias, operaba dentro de un contexto que no había dejado de ser, en sus bases, democrático. No era un Estado de partido único en el sentido totalitario; era un Estado con un partido hegemónico que usaba herramientas autoritarias.
Para mí, el peronismo histórico es el ejemplo testigo en la Argentina de cómo un movimiento puede aplicar mecanismos de propaganda, culto al líder y control social que se parecen a los de los totalitarismos, pero sin cruzar la línea hacia el horror absoluto. Me sirve para mostrar que la diferencia no siempre es entre mecanismos «buenos» y «malos», sino en los límites que una sociedad y sus instituciones logran imponer, y en los frenos que evitan que el autoritarismo derive en totalitarismo.

Sin dudas,  es un caso de estudio perfecto para entender que la grieta entre la democracia conflictiva y el abismo totalitario no es un paredón, sino un camino resbaladizo que a veces se transita por tramos, pero del que es posible no caerse.

Bibliografía consultada
Gustave Le Bon, Psychologie des Foules (Psicología de las Masas 1895)Ediciones morata 2021
Max Weber, Wirtschaft und Gesellschaft. Grundriß der verstehenden Soziologie (Economía y Sociedad. Esbozo de sociología comprensiva)
Hannah Arendt, The Origins of Totalitarianism (Los orígenes del totalitarismo 1958) Alianza Editorial 2001
Elias Canetti, Masse und Macht (Masa y poder 1960) DeBolsillo 1998
Pierre Bourdieu, Esquisse d’une théorie de la pratique, précédé de trois études d’ethnologie kabyle (Esbozo de una teoría de la práctica precedido de tres estudios de etnología cabilia 1972) Traduc A. Dillon 1980

Gerardo Cabrera

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