Cuando la política aplasta el vuelo
Mientras la NASA anuncia con bombos y platillos el regreso de los humanos a la Luna a bordo de Artemisa II, y China despliega su estación Tiangong como un faro de su poderío tecnológico, Argentina asiste, con una mezcla de orgullo y amargura, al lanzamiento de su pequeño satélite Atenea como parte de esa misión histórica.

Es un logro, sí. Pero es también un espejismo.
Porque detrás de la foto propagandística que el gobierno nacional no duda en capitalizar, la realidad de la industria espacial argentina es la de un paciente en terapia intensiva. Desangrado por recortes presupuestarios, desangrado por la fuga de sus mejores cerebros, desangrado por décadas de decisiones políticas que priorizaron la militancia sobre la meritocracia, el acomodo sobre la capacidad técnica, y el show mediático sobre la planificación seria.
Este artículo no es una celebración. Es una autopsia. La historia de cómo Argentina, que fue pionera en cohetería en América Latina y llegó a soñar con un lanzador propio, terminó siendo un país que exporta talento mientras importa cohetes. Una historia de científicos brillantes sometidos a la volatilidad de gobiernos que cambian el plan espacial como quien cambia de camisa.
Los pioneros que no merecimos
El Tábano y los Centauro: cuando éramos primeros
Pocos argentinos saben que su país fue el quinto en el mundo en desarrollar un motor de cohete de combustible líquido. En 1950, desde las Salinas Grandes, el cohete «Tábano» surcó el cielo cordobés impulsado por un motor AN-1. Sólo Estados Unidos, la Unión Soviética, Francia, Alemania e Inglaterra habían logrado algo similar–.
En 1960, el presidente Arturo Frondizi creó la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), la primera agencia espacial argentina. Le puso al frente al ingeniero Teófilo Tabanera, un visionario que soñaba con una Argentina autónoma en el espacio. Desde la base de Chamical, en La Rioja, y desde Pampa de Achala, en Córdoba, despegaron los cohetes Centauro (Alfa, Beta, Gamma). Alcanzaron la atmósfera superior, llevaron instrumentos científicos y posicionaron al país como un referente regional.
Pero ya entonces se asomaba el fantasma que perseguiría al programa espacial argentino durante décadas, la inestabilidad política. La Revolución Libertadora de 1955 había cancelado proyectos. Los vaivenes entre gobiernos militares y civiles, entre desarrollismo y ajuste, hicieron del espacio un péndulo.
Cóndor II. El misil que asustó a la Casa Blanca
El proyecto más ambicioso y controversial de la historia espacial argentina fue el Cóndor II. Concebido en los años 80 como un cohete de doble propósito (científico y militar), alcanzaba un alcance de 1.000 kilómetros y podía transportar 500 kilos de carga útil. Fue desarrollado por la Fuerza Aérea Argentina, con apoyo de empresas alemanas, italianas y egipcias.
Al frente del proyecto estaba el comodoro Miguel Guerrero, un ingeniero con un máster en Aeronáutica y Astronáutica del MIT, formado bajo la tutela del célebre Dr. Charles Draper. Guerrero no era un militar cualquiera, era un científico de primer nivel que había establecido el Laboratorio de Instrumentación de la CNIE y sentado las bases para proyectos satelitales autóctonos.
Pero el Cóndor II voló demasiado cerca del sol. Estados Unidos, a través de la CIA y los grandes diarios como The Washington Post y The New York Times, construyó una narrativa de «amenaza» en torno al desarrollo argentino. Como documenta un estudio académico publicado en 2024, «los desarrollos tecnológicos en países no tradicionalmente desarrollados son enmarcados como potencialmente peligrosos» por la prensa estadounidense, que actúa en tándem con la inteligencia de su gobierno..
En 1991, bajo la presidencia de Carlos Menem y tras fuertes presiones externas, el Cóndor II fue cancelado. El sueño del lanzador soberano murió antes de nacer. La CNIE se disolvió y dio paso a la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales), con un enfoque exclusivamente civil. El conocimiento acumulado durante años se dispersó. Muchos de aquellos ingenieros terminaron trabajando para agencias espaciales extranjeras.
Miguel Guerrero quedó como una figura trágica: para unos, un patriota que quiso dar a Argentina capacidad de disuasión; para otros, un militar controversial. Pero lo que nadie puede negar es que supo lo que otros políticos no quisieron ver, la tecnología espacial es soberanía.
La era CONAE. Luces y sombras de un plan ambicioso
Los SAC. Renacer (con tropiezos)
Con la CONAE como nueva agencia espacial, Argentina inició en los años 90 el desarrollo de los satélites SAC (Satélites de Aplicaciones Científicas). La alianza con la NASA parecía prometedora.
Pero el SAC-B (1996) fue un fracaso estrepitoso… que no fue culpa argentina. El cohete Pegasus falló en la separación, y el satélite quedó atrapado, sin poder orientar sus paneles solares. Las baterías se agotaron en doce horas. Sin embargo, durante ese breve lapso, todos los sistemas del SAC-B funcionaron a la perfección. La plataforma satelital desarrollada por INVAP y la CONAE era impecable. El error fue del lanzador estadounidense.
Fue una metáfora perfecta de la historia espacial argentina, el talento doméstico, brillante; la dependencia externa, fatal.
El SAC-C (2000) y el SAC-D/Aquarius (2011) sí fueron éxitos rotundos. Este último, una misión conjunta con la NASA para medir la salinidad de los océanos, posicionó a Argentina como socio confiable de la agencia estadounidense.. Fueron años de crecimiento sostenido, de inversión en ciencia y tecnología, de un «plan espacial nacional» que parecía, por fin, consolidado.
El Tronador. El lanzador que nunca despegó
El proyecto Tronador II era la gran apuesta, desarrollar un lanzador satelital 100% argentino para dejar de depender de cohetes extranjeros. Las pruebas del VEX-1A (2014) y VEX-1B (2015) tuvieron resultados mixtos. El primero falló segundos después del despegue; el segundo logró un vuelo controlado de 3.500 metros.
Eran pasos de bebé, pero eran pasos. Sin embargo, el proyecto nunca recibió el financiamiento constante que requería. Con el cambio de gobierno en 2015, el Tronador entró en un congelamiento del que no volvió a salir. Hoy, según denuncian los trabajadores de la CONAE, el proyecto está «definitivamente desactivado»
Propaganda vs. realidad
Atenea y Artemisa II. Coartada mediática
En abril de 2026, el microsatélite argentino Atenea viajará a bordo de la misión Artemis II de la NASA. Es el único desarrollo latinoamericano seleccionado para esta histórica misión que orbitará la Luna.
El gobierno no ha dudado en apropiarse del logro. «Argentina va a la Luna», repiten los voceros oficiales. Las fotos de funcionarios posando junto a ingenieros adornan las redes sociales.
Pero lo que no se ve en esas fotos es el cuadro de situación real de la CONAE, que los propios trabajadores del organismo describen como «vaciamiento sistemático»
- Recorte presupuestario brutal: El presupuesto de la CONAE para 2026 es de 42.014 millones de pesos, un 20% menos que en 2025 en términos reales. En comparación con 2024, la caída supera el 45%.
- Fuga de cerebros: En los últimos dos años, la CONAE ha perdido el 20% de su dotación de personal técnico-científico. Los profesionales altamente especializados emigran al sector privado o directamente se van del país.
- Salarios licuados: Las pérdidas salariales superan el 30% del poder adquisitivo, mientras las contrataciones de «funcionarios amigos» para puestos jerárquicos se multiplican.
- Proyectos paralizados: Además del Tronador, el satélite SABIA-Mar (desarrollado con Brasil) está en el limbo por falta de firma de contratos, y la mayoría de las iniciativas de continuidad tecnológica no tienen asignación de fondos.
El escándalo de la SIDE y el DNU 941/2025
Un dato aún más perturbador: a fines de 2025, el gobierno incorporó a la CONAE dentro del sistema de inteligencia nacional a través del DNU 941/2025, junto al Renaper, Migraciones y la Aduana. La decisión, que no fue anunciada con bombos ni platillos, ha encendido las alarmas entre los trabajadores del organismo.
Como explicó Emiliano Baum, delegado de ATE en la CONAE: «Esto se empalma también con la toma de posesión del Puerto de Ushuaia. Hay un interés de entrar en la CONAE en este contexto geopolítico global».
¿De qué sirve «ir a la Luna» si a la vez se desmantela la capacidad de decisión soberana sobre el espacio ultraterrestre? ¿Qué sentido tiene celebrar Atenea si el conocimiento que lo hizo posible se está disipando?
El fin del CanSat, cuando se cierran las puertas a los jóvenes
Hasta 2023, Argentina tenía un programa CanSat propio, inspirado en el concurso internacional que un equipo argentino había ganado en Estados Unidos. El certamen, organizado por el Ministerio de Ciencia y la CONAE, permitía a estudiantes de escuelas secundarias de todo el país diseñar, construir y lanzar un minisatélite del tamaño de una lata de gaseosa.
En 2024, el programa se canceló. No hubo presupuesto. No hubo explicaciones. Sólo un vago anuncio de que «en 2025 se reemplazará con un nuevo plan espacial» que, a mediados de 2026, aún no se ha visto.
Es la misma lógica que ha regido la política espacial argentina durante décadas, se destruye lo construido, se anuncia lo nuevo, y mientras tanto, los jóvenes que podrían ser los ingenieros del mañana se quedan sin estímulos. Y se van.
Por qué duele más la política que la falta de recursos
El peso de la militancia
Hay una verdad incómoda que rara vez se menciona en los artículos sobre ciencia argentina: muchas veces, el peso de la militancia política ha degradado las posibilidades del desarrollo tecnológico.
No es sólo un problema de falta de dinero. Es un problema de cómo se asigna ese dinero. De cómo se designan los cargos. De cómo se toman las decisiones.
Como denuncian los propios trabajadores de la CONAE, mientras el presupuesto se reduce y el personal técnico se fuga, el gobierno ha contratado a dedo «personal para ocupar puestos jerárquicos clave en el organismo» sin trayectoria en el ámbito espacial-3. Personas cuyo principal mérito es su afinidad política, no su capacidad científica.
No es un fenómeno nuevo. Ya en los años 90, durante la cancelación del Cóndor II, se priorizó la alineación con Washington sobre el desarrollo autónomo. En los 2000, hubo años de bonanza que no se tradujeron en una política de Estado sostenida. Y hoy, bajo el gobierno de Javier Milei, el discurso de la «casta» científica encubre un ajuste que no distingue entre gasto superfluo e inversión estratégica.
El «minotauro estatal»
El analista Germán Kammerath ha acuñado un término para describir el modelo argentino, el «minotauro estatal» . Frente a los «unicornios» del sector privado (startups como Mercado Libre o Auth0, que surgieron con recursos escasos y triunfaron en el mercado global), el Estado ha creado estructuras paralelas, costosas y desconectadas: CONAE, ARSAT, VENG, CEATSA, más desarrollos fragmentados en universidades, todas operando sin coordinación, con gastos exagerados y resultados magros.
El caso más emblemático es ARSAT. La empresa estatal de satélites ha consumido más de 1.000 millones de dólares entre sus primeros dos satélites y el tercero en construcción. Mientras tanto, el servicio que brindan es equivalente al que ofrecía el satélite privado Nahuelsat, financiado íntegramente con capital privado. El resultado, una estructura que devora recursos públicos sin generar ni rentabilidad ni soberanía efectiva.
¿Hay esperanza?
Lo que viene (si es que viene)
El futuro inmediato de la industria espacial argentina es incierto.
Por un lado, están los proyectos que aún sobreviven:
- SAOCOM 2 (previsto para 2030): satélites de observación con radar de apertura sintética en banda L, una tecnología que sólo Argentina y Japón dominan. Son una herramienta estratégica para el control del Mar Argentino y la prevención de desastres.
- SABIA-Mar: satélite argentino-brasileño para monitoreo oceánico, aunque su continuidad está en duda por falta de firma de contratos.
- ARSAT SG-1: el tercer satélite geoestacionario argentino, actualmente en construcción.
Pero por otro lado, el cuadro de situación es desolador. Sin un cambio de rumbo político, sin una política de Estado que trascienda los gobiernos de turno, sin una agencia nacional aeroespacial unificada que racionalice recursos y establezca prioridades claras, Argentina seguirá siendo un país que celebra pequeños logros mientras se desangra lentamente–
Hoy, Argentina no tiene lanzador propio. Depende de cohetes extranjeros (estadounidenses, europeos, chinos) para poner en órbita sus satélites. Depende de la NASA para que su pequeño Atenea llegue a la Luna. Depende de la buena voluntad de potencias extranjeras para ejercer su soberanía espacial.
Y mientras tanto, la fuga de cerebros continúa. Los profesionales que se formaron durante décadas, que desarrollaron tecnología de punta reconocida mundialmente, se van porque en Argentina no hay horizonte. Se van a SpaceX, a la ESA, a la NASA, a empresas privadas que sí valoran su conocimiento.
Como denuncia el informe de ATE CONAE: «La destrucción de la estructura de Ciencia y Tecnología nacional, junto con el proceso de desindustrialización a la par de la primarización absoluta, son la estrategia para convertir a la Argentina en un país fallido, con un futuro incierto y para nada esperanzador para quienes se formaron para la actividad espacial» .
La soberanía no es un lujo
El desarrollo espacial no es un capricho de países ricos. Es una herramienta de soberanía. Un país que no puede poner sus propios satélites en órbita es un país que depende de otros para monitorear su territorio, para comunicarse, para prever desastres. Un país que no invierte en ciencia y tecnología es un país que se condena a la desigualdad y a la dependencia.
Argentina ha demostrado tener el talento. Lo demostró con el Tábano en los años 50, con los Centauro en los 60, con el Cóndor II en los 80, con los satélites SAC en los 90 y 2000, con SAOCOM en la última década. Cada vez que el Estado le puso recursos, la ciencia argentina respondió.
Pero cada vez, también, la política se interpuso. Gobiernos que cancelaron proyectos heredados. Funcionarios que priorizaron la militancia sobre la capacidad técnica. Ajustes que no distinguieron entre gasto superfluo e inversión estratégica. Una miopía crónica que impide entender que el conocimiento acumulado no se recupera con un decreto.
Carl Sagan decía que «la exploración está en nuestro ADN». En Argentina, ese ADN ha sido mutilado una y otra vez por la volatilidad política, por la falta de políticas de Estado, por una clase dirigente que prefiere la foto con el astronauta de turno antes que la construcción paciente de capacidades propias.
Atenea llegará a la Luna. Es un orgullo. Pero mientras los científicos que lo hicieron posible se van del país y los proyectos estratégicos se paralizan, ese orgullo se vuelve amargo. Porque ir a la Luna no sirve de nada si, al mismo tiempo, se pierde la capacidad de volver a hacerlo.
El sueño espacial argentino no está muerto. Pero agoniza. Y su único salvavidas es una decisión política, la de entender que la ciencia no es un gasto, sino la única inversión que garantiza un futuro soberano.
«El cosmos está dentro de nosotros. Estamos hechos de materia estelar.»
Pero también estamos hechos de decisiones humanas. Y hasta ahora, la Argentina ha decidido, más veces de las que queremos recordar, quedarse en tierra.
Fuentes y notas
Este artículo se basa en denuncias de los trabajadores de la CONAE (ATE CONAE), informes de prensa de El Destape, Perfil y Prensa Latina, estudios académicos sobre el proyecto Cóndor II publicados en Sage Journals, y documentos de la propia CONAE y el Estado argentino. Las opiniones expresadas son del autor.
Fuentes y artículos consultados.
ATE CONAE. (2026, 31 de marzo). CONAE: 48 horas de paro total contra el vaciamiento de Milei. ATE Córdoba. https://atecordoba.org/?p=53144
ACIJ. (2026, 28 de enero). Reforma del sistema de inteligencia: una norma que pone en riesgo garantías constitucionales básicas. Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia. https://acij.org.ar/reforma-del-sistema-de-inteligencia-una-norma-que-pone-en-riesgo-garantias-constitucionales-basicas/
Argentina.gob.ar. (2025, 26 de diciembre). Decreto 941/2025. Modificación de la Ley de Inteligencia Nacional. Poder Ejecutivo Nacional. https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/decreto-941-2025-422011/texto
El Destape. (2025, 24 de septiembre). La agencia espacial argentina, paralizada y con deudas que se acumulan. El Destape Web. https://www.eldestapeweb.com/sociedad/ciencia/la-agencia-espacial-argentina-paralizada-y-con-deudas-que-se-acumulan-20259240557
El Destape. (2026, 7 de marzo). A la Luna y más allá pero con recorte de presupuesto y despidos para la comisión espacial. El Destape Web. https://www.eldestapeweb.com/economia/despidos/a-la-luna-y-mas-alla-pero-con-recorte-de-presupuesto-y-despidos-para-comision-espacial-20263714851
La Gaceta. (2025, 12 de junio). Milei festejó un triunfo en la NASA, pero había eliminado el programa argentino equivalente. La Gaceta. https://www.lagaceta.com.ar/nota/1088234/sociedad/milei-festejo-triunfo-nasa-pero-habia-eliminado-programa-argentino-equivalente.html
Perfil. (2025, 12 de junio). CanSat Argentina: el programa aeroespacial local eliminado por Milei. Perfil. https://www.perfil.com/noticias/economia/cansat-argentina-el-programa-aeroespacial-local-eliminado-por-milei.phtml
Perfil. (2025, 18 de junio). Carta viral de un operador de satélites alerta sobre un «apagón» del programa espacial argentino. Perfil. https://www.perfil.com/noticias/cordoba/carta-viral-de-un-operador-de-satelites-alerta-sobre-un-apagon-del-programa-espacial-argentino.phtml
Perfil. (2025, 10 de noviembre). Juan Pablo Costa: «El gasto público cayó un 31% respecto a 2023 y afecta a salud, educación y ciencia». Perfil. https://www.perfil.com/noticias/canal-e/juan-pablo-costa-el-gasto-publico-cayo-un-31-respecto-a-2023-y-afecta-a-salud-educacion-y-ciencia.phtml
Puntal. (2026, 3 de marzo). CONAE: alertan por un «vaciamiento silencioso» y piden discutir el futuro del organismo. Puntal. https://www.puntal.com.ar/conae/conae-alertan-un-vaciamiento-silencioso-y-piden-discutir-el-futuro-del-organismo-n253407




