Lo sucedido con el agravio público hacia el senador Luis Juez es una muestra más de lo que no debe suceder en democracia. Este país no va a cambiar nunca si seguimos avalando que cualquiera insulte al otro, amparado en la excusa de “hacer política”.

La política se construye con ideas, con debates y con respeto al prójimo. Los dirigentes y también quienes se autoproclaman militantes deben entender que el camino del insulto y la descalificación personal no conduce a nada.

Felicitamos al jefe de Gabinete, Guillermo Francos, por haber salido con claridad a rechazar expresiones que solo buscan degradar el debate público. Pero lamentablemente, los militantes más radicalizados del espacio de Milei parecen no escuchar ni siquiera a sus propios referentes y eligen siempre la agresión como herramienta.
Esto tiene que parar. La Argentina necesita consensos, no agravios. Necesita diálogo, no odio. Y sobre todo, necesita dirigentes y ciudadanos que comprendan que sin respeto mutuo, no hay democracia posible.




