Hora 25 – Opinión Editorial
Los hechos recientes en torno al uso malintencionado de inteligencia artificial por parte del diputado nacional Rodrigo de Loredo exigen una reflexión urgente. Mientras el mundo avanza hacia el desarrollo tecnológico con responsabilidad, algunos referentes políticos siguen eligiendo el atajo de la mentira y el show.

No se trata de estar a favor o en contra de la inteligencia artificial. Se trata de cómo se usa y con qué fin. En este escenario, la diferencia entre un dirigente serio y un oportunista es clara: mientras Martín Llaryora impulsa capacitaciones, regula y promueve el uso ético de la IA en Córdoba, Loredo la utiliza para montar una operación de desprestigio basada en información falsa.
El resultado fue evidente: una herramienta con potencial para el desarrollo fue utilizada para difamar, pero la respuesta fue contundente. Llaryora no se quedó callado. Estuvo a la altura. Respondió con firmeza, con claridad y sobre todo, con verdad.
La inteligencia artificial llegó para quedarse. Y su buen uso puede cambiar el futuro del trabajo, la educación y la producción. Pero en manos equivocadas, puede dañar la democracia y la convivencia.
Desde nuestro espacio, reafirmamos que el problema no es la IA: el problema es cuando se usa sin ética, sin límites y sin respeto por la ciudadanía.
No todo vale en política. Y Córdoba merece más.




